Sánchez asume el timón del barco progresista tras la cumbre de Barcelona.
La Global Progressive Mobilisation deja tras de sí varias reflexiones en su cuarta y más concurrida edición.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Global Progressive Mobilisation. EP.
Este fin de semana ha sido clave para la articulación de la izquierda progresista internacional. El viernes y el sábado se celebraba en la Fira de Barcelona la Global Progressive Mobilisation, una cumbre que ha aglutinado a diferentes líderes progresistas de todo el globo y en la que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha erigido como una de las claras puntas de lanza de esta corriente política.
El socialista clausuraba el sábado el evento con una intervención final en la que apeló a la unidad, el orgullo y la fe en el progreso frente a una ola reaccionaria de la que aseguraba que se encuentra en sus últimas.
“Estoy convencido de que el tiempo de la internacional ultraderechista y la derecha rendida a sus postulados ha llegado a su fin y que vamos a traer al mundo y a todos sus países una nueva era de progreso“, declaraba el presidente del Gobierno, como anfitrión del evento.
“Lo único con lo que cuenta el reaccionarismo es el odio, eslóganes vacíos y unas políticas equivocadas que solo han traído cuatro cosas al mundo: guerra, inflación, desigualdad y fractura social“, explicaba Sánchez, sin dar nombres, pero en lo que volvían a ser referencias veladas a su homólogo estadounidense, Donald Trump.
La prensa internacional ha puesto el foco durante estas semanas en cómo Sánchez se ha convertido en un perfil claramente contrapuesto al del estadounidense, sin miedo a señalar las pulsiones autoritarias del inquilino de la Casa Blanca y a ejercer de contrapeso político y moral. En este sentido, Sánchez pedía a la gente, desde la Movilización Progresista, que no se deje engañar por el ruido de la ultraderecha para hacer creer que no existen más voces.
“Los ultras y las derechas no gritan porque estén ganando, gritan porque saben que su tiempo se acaba”, refrendaba.
En el mismo sentido, Sánchez reivindicaba que es necesario que la izquierda abandone la vergüenza que las derechas han querido que sientan, y que sean estas las que estén acomplejadas desde este momento. Que la vergüenza cambie de bando: “La vergüenza cambia de bando y lo va a hacer para siempre.
A partir de ahora, la vergüenza para ellos. Para aquellos que callan ante la injusticia, explotan a los trabajadores y trabajadoras, criminalizan al diferente, convierten derechos en mercancías, defienden el privilegio de las élites y apoyan la guerra y la injusticia“, manifestaba el socialista, amparado por dirigentes internacionales como Gustavo Petro (Colombia), Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva (Brasil) o Claudia Sheinbaum (México), entre otros.
Nuevos retos y un contexto cada vez más duro.
Desde la primera edición de la Reunión en Defensa de la Democracia hasta la celebrada este fin de semana en Barcelona ha pasado año y medio. El contexto actual es mucho más concreto y complicado que el de entonces, y la envergadura de los retos que enfrenta el multilateralismo también.
Especialmente traumáticos para el orden internacional han sido los primeros cuatro meses de 2026, año que se estrenó con el secuestro ilegal de Nicolás Maduro, que continuó con las amenazas de Donald Trump para anexionarse Groenlandia y que ahora tienen en la Guerra de Irán, en los ataques israelíes sobre Líbano y el genocidio palestino, en una fase de brutal intensidad desde 2023, sus más claros protagonistas.
La dimensión de la amenaza, tanto a nivel económico como operativo -desde el corolario Trump en América Latina hasta la amenaza a Groenlandia en Europa-, ha provocado que la cuarta edición de este foro haya sido la más multitudinaria hasta la fecha y en la que más se ha notado la necesidad de articular una alianza de valores frente a estos problemas.
Aquello que arrancó como una suerte de reunión paralela y privada entre un puñado de países durante la celebración de la asamblea general de Naciones Unidas de Nueva York en septiembre de 2024 ahora se ha cristalizado hasta convertirse en la representación de la alianza del ‘no a la guerra’.
El papel protagonista de Pedro Sánchez a nivel internacional, presumen en Moncloa, ha provocado que la condición anfitriona de Barcelona redoblase la asistencia de líderes, con hasta una veintena de países representados entre presidentes, primeros ministros y representantes gubernamentales de Europa, África, Asia, América Latina y el Caribe.
Dentro de la agenda de Sánchez durante el fin de semana, se encontraba también un almuerzo con Lula en el marco de la I Cumbre España-Brasil, en el que ambos dirigentes progresistas conversaron en profundidad sobre cómo avanzar en la reciprocidad entre países, la situación en América y el Caribe -bloque donde ambos mandatarios comparten análisis- y las posiciones internacionales, donde, inevitablemente, saltan a la mesa a tiempo real propuestas y reacciones a la guerra en Oriente Medio provocada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Este encuentro fue calificado por el Ejecutivo como prioritario y coincidió con la reunión virtual organizada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, para abordar la respuesta europea al bloqueo en el estrecho de Ormuz, en la que Sánchez no pudo participar y delegó en José Manuel Albares, que defendió la postura española, centrada en la búsqueda de la libre navegación y descartando completamente la participación en cualquier tipo de operación militar.
La diplomacia como elemento clave: China y Sheinbaum.
El acercamiento diplomático a otros países, limando poco a poco las relaciones y las asperezas que pudieran existir previamente, ha sido otro de los objetivos que ha perseguido Sánchez en su política exterior.
Un reciente ejemplo de ello se aprecia en el viaje a Pekín, en el que fue recibido por toda la delegación china incluido el presidente, Xi Jinping, para tratar la situación geopolítica mundial y para reforzar la cooperación económica entre ambos países, buscando atraer inversores del gigante asiático a la economía española.
El último desplazamiento a China supone la cuarta visita oficial de Sánchez a este país en los últimos cuatro años, por lo que las autoridades del país le dieron el carácter de viaje oficial, en un movimiento que consolida a España como uno de los principales interlocutores europeos con la potencia regional.
El viaje tuvo como plato fuerte la cumbre con el mandatario chino, Xi Jinping, y estuvo marcado por un “intercambio profundo” sobre el tablero geopolítico actual y las relaciones económicas entre ambas potencias. Por su parte, la portavoz de Exteriores, Mao Ning, destacó en rueda de prensa la salud “de hierro” de los lazos bilaterales con nuestro país. Para el Gobierno chino, España es un “socio de cooperación fundamental” dentro del marco de la Unión Europea.
En su última visita oficial a China, Sánchez fue recibido con honores en el Gran Palacio del Pueblo, desde donde defendió una relación bilateral “basada en la reciprocidad y el equilibrio” entre la Unión Europea y China, una frase que, según fuentes diplomáticas, buscaba enviar un mensaje doble: reafirmar la autonomía estratégica de España sin alimentar la confrontación con Washington.
“No queremos una nueva guerra fría”, insistió el presidente, en alusión a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y el gigante asiático.
Por otro lado, otro ejemplo es la mejora en las relaciones con México tras la pequeña cumbre mantenida este fin de semana con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien se apresuró a aseverar que nunca hubo crisis diplomática entre ambos países, sino simplemente algunos términos que aclarar. Fuentes de Moncloa mostraron su satisfacción con el encuentro ante las escasas visitas de Sheinbaum al extranjero y con lo fructíferas que fueron las conversaciones.
Cabe recordar que la escalada de tensiones entre ambos países hispanoparlantes comenzó en 2019, cuando el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, exigió una disculpa a Felipe VI por los actos acometidos por los españoles hace siglos atrás en la Conquista de América y en aras de iniciar “una nueva etapa de reconciliación”.
En la misiva enviada a Madrid, el mandatario mexicano instaba a España a reconocer su “responsabilidad histórica” por las ofensas de tiempos pasados, exigiendo “las disculpas o resarcimientos políticos que convengan”. Zarzuela no contestó y elGobierno de Sánchez, por su parte, rechazó “con toda firmeza” el contenido de la carta.
México respondió cancelando su participación en los actos que iban a celebrarse entre 2019 y 2021 por los 500 años de la llegada de Hernán Cortés y la caída del imperio azteca de Tenochtitlán. Como consecuencia de ello, cuando Sheinbaum asumió la Presidencia mexicana en 2024, Zarzuela no fue invitada al acto oficial y, por ende, Moncloa no envió representante diplomático alguno.
Sheinbaum dijo este fin de semana que no existía crisis diplomática entre ambos países: “Lo que es muy importante es que se reconozca la fuerza de los pueblos originarios para nuestra patria”, urdía, centrando el punto de roce exclusivamente en esta cuestión. Las tensiones se relajaron especialmente después de octubre de 2025, cuando la iniciativa por reestablecer las relaciones la tomó José Manuel Albares, quien declaró que hubo “dolor e injusticia hacia los pueblos originarios” durante aquel periodo histórico. Como réplica, Sheinbaum aplaudió estas palabras y las calificó como “un primer paso”.
Trump ataca de nuevo a España.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a situar a España en el centro de su retórica política con unas nuevas y agresivas declaraciones.
A través de su red social TruthSocial, el dirigente republicano afirmaba este sábado que “da pena ver a España” por unas supuestas “desastrosas cifras económicas”, en un nuevo episodio de críticas que responden a su habitual estrategia de confrontación internacional y que llegaban, precisamente, en un momento en el que los líderes progresistas mundiales exhibían músculo en esta reunión internacional.
“¿Alguien se ha fijado en lo mal que le va a España? Sus cifras económicas, a pesar de no contribuir prácticamente nada a la OTAN ni a su defensa militar, son absolutamente desastrosas.
Da mucha pena verlo”, escribía Trump. No es la primera vez que el magnate estadounidense dirige sus críticas hacia España: desde hace meses, el inquilino del Despacho Oval insiste en acusar a Madrid de no aportar lo suficiente a la OTAN, llegando incluso a señalarlo como el principal obstáculo para elevar el gasto militar al 5% del PIB, una cifra muy por encima de los compromisos actuales de la mayoría de aliados.
Este tipo de afirmaciones, recurrentes en su discurso, han sido interpretadas como parte de una narrativa más amplia con la que busca presionar a Europa mientras refuerza su imagen de líder duro en política exterior, especialemente contra un perfil como el de Pedro Sánchez, que ha puesto especiales esfuerzos en separarse ideológica y discursivamente de su homólogo norteamericano.
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